De las cenizas de los miedos que ya creemos haber superado, vuelven a nacer una y otra vez, ellos, con la intención de producirnos angustia y ansiedad.
Miedo al futuro, miedo a avanzar, miedo a ilusionarse, miedo a desilusionarse, miedo a perder, miedo a desencajar, miedo a sobrar, miedo a un cambio, miedo a caminar hacia adelante.
Miedos que nos frenan, miedos que nos atraviesan dejándonos un espacio hueco y sombrío dentro de nuestro cuerpo. Miedos como gusanos, pudriendo una manzana.
Miedos que son, en realidad, imaginaciones producidas por nuestra mente.
¿Qué es el miedo? Un producto de expectativa negativa hacia lo que vendrá. El miedo no sucede, el miedo no es real.
Cuando somos chicos, tenemos miedo de voltear y encontrarnos con un fantasma. Sin embargo, nunca nos volteamos a ver, o si lo hicimos, no encontramos nada. A lo largo de nuestras vidas, este fantasma irá carcomiéndonos la cabeza, hasta que soltemos todo aquello que deseamos.
Los días corren, y junto a ellos, los miedos van regenerándose y se van volviendo más fuertes... Como nosotros.
Somos fuertes, somos soñadores, somos valientes. El fantasma del cuarto, nunca existió allí, sino en nuestra cabeza. Ella es la que fabrica tanto nuestros miedos, como nuestras esperanzas.
-¡Gladiadores del tiempo, es hora de que actúen! ¡Brillen sobre el escenario del tiempo! ¡Demuestren a vuestros súbditos, los miedos, quiénes son los que reinan en vuestras cabezas!
Tic, tac. El reloj corre, la gente está sentada, expectante. El telón está por abrirse, tu transpiración corre por tu cara, tus manos se juntan para crujir una vez más, en tus ojos inquietos aparece un brillo, un brillo conocido, es el miedo.
Es hora de salir. ¿En serio te vas a frenar por otro pensamiento de tu cabeza?
Las luces se prenden, el telón se corre, vos mirás al escenario, y ponés un pie en la escalera, y pensás:
-Ya tuve bastante con ese fantasma ocupando mi cabeza, es tiempo de que ahora la ocupe yo.
Salís, y sentís el hermoso calor del reflector, como si fuera un sol.
Ahora vos sos el protagonista.